CDMX, Guadalajara y Monterrey se preparan para recibir la Copa del Mundo mientras lluvias intensas ponen en riesgo movilidad, turismo y operación de las sedes
A un mes del arranque del Mundial 2026, México ya enfrenta un rival inesperado fuera de las canchas: las inundaciones. Las tres sedes oficiales del torneo Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey acumulan más de 600 puntos críticos con riesgo recurrente de encharcamientos y colapsos viales durante la temporada de lluvias.
El escenario encendió las alertas entre autoridades y especialistas, especialmente porque junio coincide con el inicio de las precipitaciones más intensas del año. Además, millones de turistas nacionales y extranjeros llegarán al país para asistir a los partidos, situación que aumentará la presión sobre vialidades, drenaje y servicios urbanos.
De acuerdo con información del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), las zonas mundialistas concentran cientos de puntos vulnerables a inundaciones. Tan solo en el Área Metropolitana de Guadalajara, especialistas identificaron alrededor de 600 zonas de riesgo, de las cuales al menos 200 representan peligro considerable para habitantes y visitantes.
Frente a este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció un “Plan Anti Inundaciones” que contempla más de 23 mil obras relacionadas con agua, drenaje y desazolve en distintas regiones del país. Las acciones buscan disminuir afectaciones durante el torneo internacional.
Las lluvias ponen a prueba la organización mundialista
En la Ciudad de México, autoridades capitalinas reconocieron que las lluvias podrían impactar directamente la movilidad alrededor del ahora llamado Estadio Banorte Ciudad de México, sede inaugural del torneo. Por ello, el gobierno local duplicó recursos para infraestructura hidráulica y operativos preventivos.
Mientras tanto, especialistas advierten que el reto no solo involucra futbol. También pone a prueba la capacidad urbana del país frente al cambio climático y el crecimiento acelerado de las ciudades.
Con el reloj mundialista en marcha, México busca evitar que las lluvias opaquen la fiesta deportiva más importante del planeta.


