Tras el asesinato de Paty Rubín, su hija Tabata asumió el control de la banda de carteristas más grande de Puebla y extendió sus actividades delictivas a nuevas rutas del transporte público, incluyendo extorsión y reclutamiento forzado.
La muerte de Patricia Rubín no significó el fin de la célula criminal que encabezaba. Por el contrario, su hija Tabata Rubín, de apenas 22 años, asumió el control total de la banda conocida como “Las Rubín”, y no solo continuó con las actividades delictivas de su madre, sino que amplió su operación en diversas rutas del transporte público.
Según fuentes cercanas, Tabata se ha dedicado a reclutar nuevos carteristas para fortalecer su estructura criminal. Además de garantizar el dominio de la agrupación en unidades del RUTA y otras líneas altamente transitadas.
Pese a la reciente ejecución de Paty Rubín, los integrantes de la organización retomaron sus actividades apenas una semana después del hallazgo del cuerpo, demostrando que el luto quedó en segundo plano ante la presión interna por mantener los ingresos ilícitos.
Durante este regreso a las calles, dos miembros quedaron detenidos. Aunque posteriormente quedaron en libertad, lo que permitió que las operaciones continuaran sin mayor obstáculo para la banda.
La figura de Tabata Rubín cobró relevancia luego de su liberación a finales de octubre, tras haber estado detenida desde el 16 del mismo mes por robo en transporte público. Al no existir denuncias formales en su contra, recuperó su libertad. Y, de inmediato, se convirtió en la nueva líder de la célula delictiva, manteniendo la estructura familiar característica del grupo. Su hermana, su cuñado y otros allegados ya operan bajo sus órdenes, reforzando la presencia delictiva en distintos puntos de la ciudad.
De acuerdo con testimonios recientes, Tabata ha incrementado las cuotas semanales que exige a los carteristas que trabajan para la banda. Incluso después de que un mensaje dejado junto al cadáver de su madre acusara a Patricia de cobrar excesos y “voltear bandera”.
A pesar de esas advertencias, la nueva líder no solo mantuvo el modelo de extorsión. Sino que lo amplió, consolidando así el legado criminal de la familia Rubín.


