Perros rescatados se convierten en guardianes de Chichén Itzá, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo

Cachimba y más de 20 perritos se desempeñan como guardianes de Chichen Itzá, las entrañables guías de las almas hacia el Mictlán.

Chichén Itzá, uno de los sitios arqueológicos más visitados de México y reconocida como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, ahora cuenta con una singular patrulla de seguridad: una manada de perros rescatados, que viven y protegen la zona.

Entre ellos destaca Cachimba. Una perrita de pelaje negro que llegó hace más de una década y se ha convertido en la “reina” del lugar sagrado de los mayas. Actualmente, más de 20 perros callejeros se han integrado espontáneamente a esta comunidad arqueológica, ubicada en Yucatán.

Durante la pandemia de COVID-19, a muchos de estos animales se les abandonó, pero encontraron refugio en este emblemático sitio. Donde ahora reciben alimentos, vacunas y cuidados veterinarios, gracias a la coordinación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Estos guardianes caninos no solo forman parte del paisaje, sino que también colaboran de forma activa en la conservación del patrimonio cultural. Son los únicos que pueden escalar algunas estructuras sin dañarlas. Lo que les permite vigilar que no haya animales muertos o basura que afecte los monumentos. Su ligereza y naturaleza amigable los hace ideales para esta insólita pero efectiva labor.

Según guías turísticos y trabajadores del sitio, como José Antonio Keb Cetina, estos perros no están en Chichén Itzá por casualidad. Para muchos, existe una conexión mística entre los animales y el legado espiritual maya. En la cosmovisión mesoamericana, a los perros se les consideran guías del alma hacia el Mictlán, lo que añade un simbolismo ancestral a su presencia.

Gracias al auge turístico de Chichén Itzá, con más de 2 millones de visitantes al año, ha crecido también el interés por proteger tanto el entorno arqueológico como a los animales que lo habitan. Se han impulsado campañas de esterilización, vacunación y adopción responsable, así como propuestas para reconocer a estos canes como parte del patrimonio cultural vivo del sitio.

La historia de Cachimba y su manada resalta no solo la resiliencia animal, sino también una creciente conciencia sobre la importancia de incluir a los animales en la narrativa de los espacios patrimoniales. Un ejemplo de convivencia armoniosa, que une el pasado con el presente, y da nuevas formas de significado a los sitios históricos.

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Melisa Carillo

Estudió Comunicación en la BUAP, ha trabajado en medios como Alcance Diario y Diario Cambio

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