La inseguridad volvió a golpear al transporte público de Puebla; un guardia de seguridad de la tercera edad sufrió una grave lesión durante un presunto asalto en la estación Batán B de la Línea 4 del RUTA.
La violencia volvió a hacerse presente en el sistema de transporte público de Puebla. Un guardia de seguridad de la tercera edad identificado como Enrique B. resultó con una pierna fracturada después de sufrir un presunto asalto mientras realizaba sus labores en el paradero Batán B de la Línea 4 de la Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA), ubicado sobre la zona de Valsequillo, al sur de la capital poblana. El ataque ocurrió durante la noche del 1 de julio, cuando al menos dos sujetos interceptaron al trabajador con la aparente intención de despojarlo de sus pertenencias.
De acuerdo con los primeros reportes, los agresores forcejearon con la víctima y, durante la agresión, le provocaron una fractura en una de sus piernas, lo que le impidió defenderse o pedir ayuda de inmediato. Minutos después, los responsables escaparon con dirección a Valsequillo, mientras compañeros del vigilante acudieron para auxiliarlo y solicitar el apoyo de los servicios de emergencia. Posteriormente, paramédicos trasladaron a Enrique B. a un hospital, donde permanece bajo observación médica debido a que, por su edad, este tipo de lesiones representa un riesgo considerable para su recuperación.
Sin detenidos y con exigencias de mayor seguridad
Tras el reporte, corporaciones policiacas desplegaron un operativo de búsqueda en los alrededores del paradero Batán B; sin embargo, no lograron localizar a los responsables. Las primeras investigaciones indican que la falta de un sistema de videovigilancia en la estación podría dificultar la identificación de los agresores, por lo que las autoridades continuarán con las indagatorias una vez que la víctima presente la denuncia correspondiente.
Este nuevo hecho de violencia reavivó la preocupación entre trabajadores y usuarios del RUTA, quienes exigen mayores medidas de protección en las estaciones y paraderos. Además, el caso volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer la vigilancia en los espacios del transporte público para prevenir agresiones contra pasajeros y personal operativo, especialmente cuando las víctimas pertenecen a grupos vulnerables como las personas adultas mayores.


