Ciudadanos convierten el asfalto en lienzo para la procesión de Viernes Santo, una de las tradiciones más emblemáticas de Puebla
Desde las primeras horas del día, San Pedro Cholula dejó de ser solo una ciudad para convertirse en una obra colectiva llena de color, fe y tradición. Decenas de familias, vecinos y visitantes tomaron calles y avenidas para crear alfombras monumentales que acompañarán la procesión de Viernes Santo.
Con aserrín teñido, flores y pigmentos, los participantes diseñaron figuras religiosas y patrones geométricos que reflejan el arraigo cultural y la identidad de este Pueblo Mágico. Además, el ambiente se llenó de colaboración, ya que personas de todas las edades trabajaron hombro a hombro para dar vida a cada detalle.
Mientras tanto, en puntos clave como el Portal Guerrero y la Plaza de la Concordia, las alfombras alcanzaron dimensiones monumentales de hasta 170 metros, consolidándose como uno de los principales atractivos de la temporada.
Asimismo, autoridades municipales y ciudadanía se sumaron activamente, lo que fortaleció el sentido de comunidad y garantizó la continuidad de esta tradición que supera las tres décadas.
Arte efímero que une tradición y comunidad
La elaboración de estas alfombras no solo embellece el recorrido religioso. Por el contrario, representa un acto colectivo que conecta generaciones y mantiene viva la esencia de la Semana Santa en Cholula.
Las calles se transformaron en verdaderos tapetes multicolores que marcarán el paso de la procesión, convirtiendo cada tramo en un espacio simbólico de devoción.
Además, en distintas vialidades también se desarrollan representaciones tradicionales que enriquecen la experiencia, como escenas del Viacrucis y actividades culturales que acompañan la jornada.
En este contexto, se espera la llegada de más de 50 mil visitantes, quienes vivirán de cerca una de las celebraciones más importantes de la región.
Finalmente, Cholula confirma que su grandeza no solo se observa, sino que se construye colectivamente, donde cada puñado de aserrín y cada flor colocada cuentan una historia de fe que, aunque efímera, deja huella permanente en la memoria colectiva.


